Cosen sus manos pecosas, marcadas por el tiempo,
como si cada peca fuera un pedacito de esa invención inconmensurable.
"Canta mi corazón su íntima canción por mi dulce amada..."
Adelanta cada estrofa, como suspendida.
Da puntadas, sonríe.
¿Por dónde andará ella? Sentada acá, pero tan-no-acá... El cielo gris (¡otra vez!) ilumina como nunca, luz lúgubremente enceguecedora, entra por el ventanal y rebota en la mesa de vidrio.
"Regalo de amor, perfumada flor..."
Puntada final. Tijeretazo.
"¡Gloria de mi Edén!" Repite, como pensándolo.
¿y hoy me pregunto, por dónde andarás?
tal vez llenando de paz musical algún recóndito e impensado lugar del Universo... silbando, olvidando estrofas íntegras de tus canciones emblemáticas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario