lunes, diciembre 20, 2010

PASAJE/

La vida, el tan conocido milagro del que hablan y debaten creyentes y no tanto, es efímera. Nacemos un día como cualquier otro; un día que resulta especial para aquellos allegados a quien ha de parirnos, y por qué no para aquella otra persona que, coincidencia de por medio, vive algún suceso fuera de lo rutinario, ajeno a nuestro nacimiento. Y bien podemos sentirnos viajantes en este mundo. Meros pasajeros, que hemos tenido la oportunidad de acceder al boleto de ida a la vida, que gozamos(o sufrimos) este viaje. Ahora bien, releyendo la última oración pienso: ¿tuvimos la oportunidad realmente? A mi nadie me preguntó si quería nacer. Entonces cabe, por qué no, imaginar que hemos sido empujados a realizar este viaje (lo cual, en verdad, suena un poco paranoico y conspirativo). Y este boleto para la vida nos ha sido adosado sin previa consulta, y no acepta devolución alguna.
Ya que somos pasajeros finitos, hemos de devenir en lo que sea que tengamos (¿elijamos?) que devenir. Se suele ver por las calles, a personas que parecen tener mucha prisa para realizar vaya a saber qué-tan-importante-actividad como para evitar respetar los semáforos o el paso a un peatón. En ese momento no queda más que pensar en la negligencia del sujeto que no sólo no respeta su vida, si no que pone en riesgo la existencia de los demás. ¿Acaso tiene tanto apuro? Perder el tiempo es una frase que debería mandarse a guardar por un buen rato. Ella y todos sus matices, desde luego. Sería mucho mejor poder ir más allá de ese viaje-hacia-un-lugar-equis, que tanto dolor de cabeza puede estar causándole a ese hombre que no se cansa de esquivar autos, en una loca carrera hacia un adónde. Traspasar la barrera del tener que llegar a un horario determinado, y pensar, en su lugar, que el estar ahí, en ese momento, ocurre por el simple hecho de que está viviendo. Está siendo. Está viajando en ese tiempo que le fue dado.
Aquí y ahora, podríamos tomar noción de que nuestra vida, es un estado, es un médium, y nosotros, los que estamos vivos, podemos utilizarla, recorrerla, si es ese nuestro propósito. Somos porque devenimos, de lo contrario, podríamos pensar que nunca fuimos. Que todo fue una ilusión y que ese viaje jamás ocurrió. La idea de perder el tiempo, suena a capitalismo. Suena a conteo, a división de nuestro transcurrir, a vigilancia de nuestras acciones. ¿Por qué sentir que viajando se pierde tiempo? Las respuestas pueden ser miles, pero hay una que, en mi opinión, envuelve y contiene a todas: somos concientes de lo efímero de nuestra existencia. La desesperación ante lo que se acaba. Temprana o más tardíamente, habremos sido. Y un pequeño tiempo después, seremos poco más que un recuerdo. Y luego nada. El olvido. Quizás sea esa la razón por la que surge la necesidad de la mayoría de nosotros de, en palabras de Ítalo Calvino, transformar el fluir de la propia existencia en una serie de objetos salvados de la dispersión, o en una serie de líneas escritas, cristalizadas fuera del continuo fluir de los pensamientos.
Nosotros (¿Nosotros quiénes? Nosotros, los seres humanos) somos, por ahora y hasta donde se sabe, lo únicos sujetos dueños de una consciencia. Nosotros, conscientes. Nosotros como pasajeros y como observadores. ¿En qué sentido? Cada mujer, cada hombre pasajero en esta vida, es, también, un sujeto capaz de mirarse desde afuera, y verse a sí mismo como lo que es. Un viajante. Un viajante consciente, que sabe que está viajando. Que esto es un mero pasaje. Y verse como pasajero, es parte de la angustia de todo hombre. Ineludible es, al fin y al cabo, saberse finito. Y siempre, en cualquier planteo está, aunque sea en última instancia, ese elemento central: el tiempo. Lento, denso, suave, o fugaz y bravo cuando lo desea. Cuando cambiamos de parecer, de sentir, sin darnos cuenta. Nos guste o no, el tiempo. ¿Cambiante o eterno? A ciencia cierta nadie lo sabe. Inevitable, sí. Escurridizo, también. Realidad material o idea que se escabulle. Que nos empecinamos en hacer palpable, hacerlo souvenir, recuerdo de nuestro pasaje por este mundo. Fina arena que se nos escapa entre las manos. ¿Abstracción o realidad de la vida?
Por otro lado, sabernos agotables (entiéndase no en el sentido del cansancio) puede constituir un impulso hacia la valoración de nuestro pasar. Pensar lo que pensaba Borges al decir que la muerte es una vida vivida y la vida es una muerte que viene. Entonces, ya que estamos aquí y ahora, ya que no somos pasado y no sabemos si seremos futuro, ya que somos (o nos pensamos) presente, ¿por qué no concentrarnos en realizar este viaje de la mejor manera posible? No dejándonos apresar por el tiempo. No espantándonos ante la finitud del mismo, sino tomando consciencia de eso mismo, utilizándolo en pos de un mejor devenir. No pensar en cuánto tiempo más podremos recorrer este mundo, sino simplemente transitarlo, sin más vueltas y complicaciones que las que se nos presenten a lo largo del camino. Al fin y al cabo, el espacio se mide por el tiempo, y las distancias varían según como se lo considere al mismo. Cabe desear, entonces, que seamos buenos viajeros.

miércoles, octubre 27, 2010

Pausa.

Hace unos días me di cuenta que


Una y otra vez volvés a mi
En las situaciones más inesperadas,
en cosas insignificantes. Volvés.
Como una sombra. No acechante.No.
Como una caricia, cálida.
Un dolor dulce. Raro.
Una mueca de tristeza y luego, felicidad.
Un vacío en el pecho, con sonrisa.
Una falta momentánea aunque eterna. Un nudo en la garganta.
Pensamiento evanescente. Pausa en lo cotidiano y ganas de llorar, que se esfuman en segundos.
No hay nada que hacer. Vuelvo al monitor. No, ya no estás acá.

domingo, septiembre 12, 2010

Pan lactal bólido

Un pan lactal con ruedas es un 15. Tendría que ser, eso sí, uno diet. Por lo verde, digo, ¿no?

Los primeros calores de la primavera, de esos post-Santa Rosa, que tan bien se sienten, me empujan hacia el sol cálido, ni muy muy ni tan tan, simplemente ideal. Y el aire con olorcito a pasto recién cortado. Todo parece ser más leve, más bonito, menos terrible, más vivible(entiéndase: posible de ser vivido de manera más amena por la persona) cuando se respira un día agradable.

Pero ahora ya es oscuro.
Entonces, el 15 que llega, que abre sus puertas, que me invita a subir (no sin antes pagar una módica suma de 1.75 pesos, nada es gratis en la vida).

Y me pasa. Siempre me pasa: mirar afuera. Pero hacerlo con la intención de captar en verdad el adentro. El interior del colectivo. DigamoslóN: una gran técnica para observar a la gente sin que se sienta observada.

Entonces, las vías del Mitre, que llegan, que hacen que el quince pare, que hacen que mire el barrio chino, que hacen que piense: Belgrano. Bel Grano. Grano Bello. Y así, infinitas conexiones absurdas. Una espiga de maíz a caballo...

Pero hoy es distinto. Miro hacia afuera. Y un hombre que camina por Montañeses traspasa por la mitad a uno de los que viajan parado en el colectivo. Otro hombre está sentado arriba de un auto verde oliva. El semáforo cambia de rojo a verde y mágicamente, el susodicho pasa a levitar sobre el asfalto. Lo sobrevuela pero sin mover un sólo musculo. Sin cambiar la posición que tenía cuando reposaba cómodamente sobre el auto verde oliva, ¿me explico?

Entretenida y feliz de haber encontrado una actividad que cortara esa densa vuelta-a-casa-con-embotellamiento-y-bocinazos, sigo mirando. Cabezas con autos. Transeúntes entre carteras y mochilas de pasajeros quinceros...

¡Qué cosa rara! ¿Habré visto mal?
Entonces, un par de pensamientos me encuentran.Hay cosas que están mal-vistas, y entonces la gente decide no verlas. Pero quizás este no sea uno de esos casos... Qué importa, falta menos para llegar a casa.

martes, agosto 10, 2010

Doña ¨Medaunamoneda¨

¡Subí la ventanilla querido!, exclama Felicitas Medaunamoneda Etchebarne Montes de Oca a su hijo Adam. Ella, una señora DE BIEN.

Es increíble (mente triste) la cantidad de excusas que puede inventar una persona para no dar 2 pesos, o comprarle un pancho a un nene o nena. El, que tiene el HAMBRE y el FRÍO tatuados en su mirada. ELLA,que siente vergüenza por mendigar.
Indigna.

Vayan con Dios,pero... ¡Tengan cuidado! que los negros están por todas partes ahora, vistes.

miércoles, agosto 04, 2010

Prisionera del desierto

Quiero Kinder ¡Kinder sorpresa!
Y la tranquilidad que va de la mano de la inocencia, en combo. Como en una Cajita Feliz.
Volver a compartir una tarde con esa cabeza blanca, activa, llena de historias increíbles. Pasar horas escuchándola hablar.
Volver a sentir el querer-hacer-otras-cosas-en-vez-de-prestarle-atención; tener esa posibilidad.
Estar ahi, así.
En sus brazos, tan pequeña yo, ¨prisionera del desierto¨.
Sí, volver.

lunes, julio 19, 2010

Canela Canela

Canela se encuentra en una casa vieja. De esas estilo inglés, que saben adornar muy bien los hermosos parajes de Bariloche. Pero ésta es distinta. Las paredes adobadas le dan un aire colonial desconcertante, inusual en ese tipo de edificación. Pero obviamente, la Canela que aparece ahí parada, no tiene el más mínimo interés en fijarse en ese tipo de detalles. Esa Canela, la encontrada por Canela segunda, Canela real, o mejor: Canela Canela, simplemente quiere irse de ese confuso lugar.

¿Qué hago acá?

En el mar del silencio, puede alcanzar a oír el fluir de su sangre a través de su cuerpo. Y con ella, con su sangre, fluye el temor de lo incierto.

¿Por qué me encuentro aquí? ¿Por qué yo? De quién es esta casa?

De pronto, Canela Canela sorprende a Canela en un vagón de tren. Es uno muy viejo, de esos que se ven en películas de vaqueros renegados e impiadosos. Cecilia, una amiga del colegio, viaja en ese compartimento acompañada por otra chica, de la misma edad (o por lo menos eso piensa Canela Canela, al observarla de cerca). ¨Claramente no es de acá¨, piensa Canela para sus adentros. Canela Canela opina lo mismo: pondría las manos en el fuego apostando a aquello. Su tez blanquísima, sus ojos celestes claros, débiles. ¨Quedaría ciega ante el flash más ineficiente de una cámara de fotos vieja¨, siguió pensando Canela, en el mismo instante en que Cecilia se la presentaba (su nombre no es importante, ya que Canela Canela lo ha olvidado apenas despertó).

Acto seguido, Canela se despide de la tal Mirtha, o Hanna, o Mamushka Petrushka, o algún nombre alemanoide por el estilo, y de su amiga Cecilia, por supuesto.


Dos pasos. Maldición, otra vez la casa adobada. ¿Cómo salgo de acá?
Es de noche ya (¿Acaso todo transcurrió de noche?).

Canela encuentra una salida hacia el jardín. El aire del exterior la llena de esperanzas. El temor parece haberse ido (o eso cree) con las gotas de sudor de hacia un rato.

Cuánto pasto. Qué mullido es. Pero, ¿qué hago sintiéndolo?

Canela Canela no logra salir de su asombro. ¡No fue capaz de acordarse del nombre de la foránea de aquel insólito tren, pero sí prestó la no-debida atención a aquel pasto! (Anotación mental: debió ser Grama Bahiana).

Canela camina. Percibe cierta ligereza en su andar... y ahora ya no siente sus piernas (¿vuela?); todo cuanto le preocupa es salir de allí. Se espanta: no hay salida. O sí; hay, pero el pasto le atrae tanto que siente que no puede despegarse de él. Un súbito escalofrío la recorre. Esto es demasiado feo para ser real Canela. ¡Despertate!, grita Canela Canela.

jueves, julio 15, 2010

Qué te ´ibadecir´?

A veces me molesta olvidarme de lo que iba a escribir. Esto es genial! Ahi vamos:
Canela se siente lejana. Lejana en todo sentido. Ella no lo sabe pero en realidad, todo se ha originado a raíz de...
Detesto esto.


martes, julio 13, 2010

trendsettear la human destruction

A ver si hay algo bueno en la tele...
Un hombre murió ayer.
Tengo hambre, abro la heladera. No hay nada interesante.
Dormía en el hall de entrada de un edificio en Buenos Aires.

Esta estufa calienta? No parece che!
No aguantó el frío de anoche.

A ver esta revista que trajeron el otro día...
La hija de Madonna, de trece años, fue calificada como la trendsetter más joven del planeta, o de Estados Unidos, qué más da.
Hojeo un poco más. La cierro.

Algo anda mal en este mundo. Mafalda ya lo advirtió. ¿Acaso esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?

domingo, julio 11, 2010

Daños colaterales (Andén 4)

Mariana tomó de un trago, hasta el final, un vaso de leche caliente, con la esperanza de que esto le ayudase a conciliar el sueño. Resonaba, aún, lo dicho por Amelie: Durante bastantes días miraba por la ventana antes de acostarse, desde su estudio, hacia la esquina, abajo; pero Custardoy no volvió a aparecer por allí. –Pobre Sara, que en paz descanses, amiga mía – pensó Mariana.
–Querida, hacé el intento; no es bueno para tu salud comer tan poco… Vamos, hacelo por mí.
– ¿Y usted quién es? – preguntó Sara.
–Tu tío...
–Ah... Es que estoy tan triste. ¡No sabe con qué ansias espero el arribo de mi amado Custardoy! Tengo el estómago cerrado y siento una presión tan fuerte en el pecho, tío… No sabía que era mi tío. No recuerdo su nombre... ¿José?
–Sí, mi niña, soy José – respondió con una sonrisa paternal el anciano. Y al terminar de decir ésto, Sara volvió a llorar.
–Ya, ya querida. ¿Quién es este Custardoy?
–Mi novio. Él… Un llamado los interrumpió. Cuando sonó el teléfono, el hombre canoso le preguntó a la chica, con cierta deferencia, si por alguna razón prefería que no contestara. Sara no emitió palabra. Se levantó y fue a la cocina por un vaso de agua. Entonces, el hombre atendió:
–No, todavía no. Necesitaré un poco más de tiempo… ¿Que quiere saber cuán grave está? Mire, no le pediría un plazo mayor de no tratarse de algo serio. Correcto, hasta luego.
– ¿Era Misael? ¿Viene antes?– exclamó Sara, volviendo de la cocina con una leve expresión de felicidad en su rostro.
–No mi linda, era un amigo de la familia.
–Oh… De todos modos, es mañana el gran día.
– ¿El gran día? ¿A qué te referís, Sara querida?– preguntó el viejo, intrigado.
–Mañana viene Custardoy, mañana llega mi amado Misael, tío. Y lo esperaré, como debe hacer una buena novia. Sara se levantó del sofá donde estaba sentada.¨Domingo 18 de Junio del ´82, Andén 4, tren de las 10 de la mañana¨ repetía en una cancioncita, que parecía haberla ideado para no olvidar aquellos datos.


Doctor…– la voz de Amelie sonaba preocupada – ¿Cómo está ella?
–Mire querida… su hermana no está para nada bien. Mañana por la mañana piensa ir a buscarlo y yo…sabiendo que usted le había comunicado la noticia, y observando su conducta irracional, le seguí el juego. Esperaba alguna reacción, alguna muestra de cordura. Tampoco recuerda el rostro de su tío, aunque sí su nombre. ¡Por suerte a usted la reconoce! La mente humana es tan compleja… Verá, cuando usted llamó, preguntó si era Misael quien estaba al teléfono.
–Ya veo… ¡pobrecita!
–Lo mejor que puede hacer ahora es ir con ella, y tratar de que coma un poco. Y usted también descanse. Mañana será otro largo día. Hasta luego querida – concluyó el doctor.
–Hasta luego doctor.


¡Sara, sobrina mía!– gritó ¨José¨.
– ¿Tío, qué hace usted aquí? ¿Qué está haciendo?
–Te llevo de vuelta a casa, querida. Estuvieron forcejeando un rato hasta que por fin lo convenció y se metieron en el bar de la estación. Consiguieron un lugar desde el cual, desde una perspectiva complicada, veían parte del andén número 4.
–Mozo, dos cortados y un tostado por favor- ordenó ¨José¨. El café había demorado veinte incómodos minutos, en los cuales ambos permanecieron callados. Sara, con la vista en el andén, y José, leyendo, sin demasiada atención, un diario de hacía una semana atrás.
–Estamos ganando. ¡Ja! Pero éstos sí que no tienen cara- refunfuñó para sus adentros. Ganando…- dijo melancólico, esta vez.
– Sarita, preciosa, ¿qué hacés? El temblor del tren era cada vez más perceptible.
– ¡Ahí viene tío! Saltó de la silla con una fuerza tal, que tiró el resto de café que quedaba en su pocillo.
– ¡Mi amor, mi vida, Misael! ¡Qué suerte, qué lindo verte! Vos tan lejos de casa y yo, y yo acá, esperándote… ¡Qué bueno que hayas vuelto! ¿Qué? No. Volvé, vení. ¿A dónde vas? El doctor alcanzó a ver el brillo ciego de los ojos de Sara, su sonrisa ancha y su rostro perdido, feliz.
–Llevame con vos– dijo riendo, hablando con el aire. Y luego, los ahogados bocinazos del tren, todo tan lento y el salto de Sara, tan

jueves, julio 08, 2010




Te pasó alguna vez?

Un Viaje.

¡Desde acá todo se ve tan calmo! Pensarme alejada de toda esta bataola de peligros, las corridas, el ir y venir diario, las luces… Semáforos, bocinazos, transeúntes, ¡Socorro! Gracias a Dios todo es un sueño ahora.
Nadie grita acá. Sólo somos la nave espacial y yo. Lo único que me conecta con la vida terrestre es el dispositivo que transmite las coordenadas y me indica hacia dónde debo ir. Pero es tan silencioso que, diría, resulta casi insignificante. No, no vale la pena siquiera pensarlo como un compañero de viaje.
No sé si será demasiado ermitaño de mi parte, pero me gusta así. Por algo elegí que me otorgaran esta misión individual.
Aquí el tiempo no pasa. Estoy como inmerso en una gran nada inmensa, y el reloj digital que llevo conmigo es quien me devuelve, cada tanto, conforme lo miro, la realidad: El tiempo no para. Más aún, corre, y muy rápidamente.
Sí, acá es mejor. Acá no tengo que rendirle cuentas a nadie. Por algo me enviaron. Mientras saque las muestras de la corteza lunar y las lleve de regreso a la Tierra, puedo hacer lo que se me de la gana.
Cada tanto me pica el bichito social y me intriga saber cómo andarán mis seres queridos. Pero acá me gusta. Acá mis movimientos son lentos, y ¡todo es tan surrealista!
El otro día (no recuerdo si fue hace un mes o la semana pasada) pasó volando, cerca de la nave, el resto de un satélite. ¨ Alguna vez (no muy lejana en el efímero tiempo humano) fue una grandeza de máquina, y ahora, mera sobra, flota en la nada misma ¨, pensé. Me estremecí. El olvido. No muy regularmente logramos no perder esa noción de que todo, en algún momento, quizás antes, tal vez después, pasará al terreno de ¨ Lo que alguna vez fue ¨.
¿Qué mágico mundo es este? Debo estar agradecido, pues la oportunidad de estar aquí no la tienen muchos. Voy a aprovecharla al máximo. Luego de haber recolectado las muestras pertinentes, requerimientos de la central de la NASA, daré una vuelta al mundo, veré la Cordillera de los Andes y la Muralla China, ambas al mismo tiempo. Descubriré vida en otro planeta y me encontraré con mis abuelos, que por ahí deben andar. Ah, me olvidaba: Plantaré un árbol.

miércoles, julio 07, 2010

Digamos

ayeR fue yesterday para buenos colonos, mas por fortuna, nuestro mañana no es tomorrow-