¡Desde acá todo se ve tan calmo! Pensarme alejada de toda esta bataola de peligros, las corridas, el ir y venir diario, las luces… Semáforos, bocinazos, transeúntes, ¡Socorro! Gracias a Dios todo es un sueño ahora.
Nadie grita acá. Sólo somos la nave espacial y yo. Lo único que me conecta con la vida terrestre es el dispositivo que transmite las coordenadas y me indica hacia dónde debo ir. Pero es tan silencioso que, diría, resulta casi insignificante. No, no vale la pena siquiera pensarlo como un compañero de viaje.
No sé si será demasiado ermitaño de mi parte, pero me gusta así. Por algo elegí que me otorgaran esta misión individual.
Aquí el tiempo no pasa. Estoy como inmerso en una gran nada inmensa, y el reloj digital que llevo conmigo es quien me devuelve, cada tanto, conforme lo miro, la realidad: El tiempo no para. Más aún, corre, y muy rápidamente.
Sí, acá es mejor. Acá no tengo que rendirle cuentas a nadie. Por algo me enviaron. Mientras saque las muestras de la corteza lunar y las lleve de regreso a la Tierra, puedo hacer lo que se me de la gana.
Cada tanto me pica el bichito social y me intriga saber cómo andarán mis seres queridos. Pero acá me gusta. Acá mis movimientos son lentos, y ¡todo es tan surrealista!
El otro día (no recuerdo si fue hace un mes o la semana pasada) pasó volando, cerca de la nave, el resto de un satélite. ¨ Alguna vez (no muy lejana en el efímero tiempo humano) fue una grandeza de máquina, y ahora, mera sobra, flota en la nada misma ¨, pensé. Me estremecí. El olvido. No muy regularmente logramos no perder esa noción de que todo, en algún momento, quizás antes, tal vez después, pasará al terreno de ¨ Lo que alguna vez fue ¨.
¿Qué mágico mundo es este? Debo estar agradecido, pues la oportunidad de estar aquí no la tienen muchos. Voy a aprovecharla al máximo. Luego de haber recolectado las muestras pertinentes, requerimientos de la central de la NASA, daré una vuelta al mundo, veré la Cordillera de los Andes y la Muralla China, ambas al mismo tiempo. Descubriré vida en otro planeta y me encontraré con mis abuelos, que por ahí deben andar. Ah, me olvidaba: Plantaré un árbol.
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