¿Cómo hacés?
Quererte me cuesta nada.
Y es encontrarme en el desenfreno del día a día;
del hacer mucho o el hacer nada.
Y que cualquier cosa tuya baste para sacarme de esta vorágine interminable.
¿De dónde saliste, ladrón de sonrisas?
Y la lejanía, ¡tan complicadamente simple!
que se siente mitad viva y mitad muerta.
Dulce e intensa angustia.
Ese vertiginoso movimiento.
Vagar en confusos remolinos...
Y después vos. Tu mirada.
Y la ansiedad desaparece.
Y súbitamente todo está en orden.
Todo tan calmo En paz. Así.