Un pan lactal con ruedas es un 15. Tendría que ser, eso sí, uno diet. Por lo verde, digo, ¿no?
Los primeros calores de la primavera, de esos post-Santa Rosa, que tan bien se sienten, me empujan hacia el sol cálido, ni muy muy ni tan tan, simplemente ideal. Y el aire con olorcito a pasto recién cortado. Todo parece ser más leve, más bonito, menos terrible, más vivible(entiéndase: posible de ser vivido de manera más amena por la persona) cuando se respira un día agradable.
Pero ahora ya es oscuro.
Entonces, el 15 que llega, que abre sus puertas, que me invita a subir (no sin antes pagar una módica suma de 1.75 pesos, nada es gratis en la vida).
Y me pasa. Siempre me pasa: mirar afuera. Pero hacerlo con la intención de captar en verdad el adentro. El interior del colectivo. DigamoslóN: una gran técnica para observar a la gente sin que se sienta observada.
Entonces, las vías del Mitre, que llegan, que hacen que el quince pare, que hacen que mire el barrio chino, que hacen que piense: Belgrano. Bel Grano. Grano Bello. Y así, infinitas conexiones absurdas. Una espiga de maíz a caballo...
Pero hoy es distinto. Miro hacia afuera. Y un hombre que camina por Montañeses traspasa por la mitad a uno de los que viajan parado en el colectivo. Otro hombre está sentado arriba de un auto verde oliva. El semáforo cambia de rojo a verde y mágicamente, el susodicho pasa a levitar sobre el asfalto. Lo sobrevuela pero sin mover un sólo musculo. Sin cambiar la posición que tenía cuando reposaba cómodamente sobre el auto verde oliva, ¿me explico?
Entretenida y feliz de haber encontrado una actividad que cortara esa densa vuelta-a-casa-con-embotellamiento-y-bocinazos, sigo mirando. Cabezas con autos. Transeúntes entre carteras y mochilas de pasajeros quinceros...
¡Qué cosa rara! ¿Habré visto mal?
Entonces, un par de pensamientos me encuentran.Hay cosas que están mal-vistas, y entonces la gente decide no verlas. Pero quizás este no sea uno de esos casos... Qué importa, falta menos para llegar a casa.