lunes, julio 19, 2010

Canela Canela

Canela se encuentra en una casa vieja. De esas estilo inglés, que saben adornar muy bien los hermosos parajes de Bariloche. Pero ésta es distinta. Las paredes adobadas le dan un aire colonial desconcertante, inusual en ese tipo de edificación. Pero obviamente, la Canela que aparece ahí parada, no tiene el más mínimo interés en fijarse en ese tipo de detalles. Esa Canela, la encontrada por Canela segunda, Canela real, o mejor: Canela Canela, simplemente quiere irse de ese confuso lugar.

¿Qué hago acá?

En el mar del silencio, puede alcanzar a oír el fluir de su sangre a través de su cuerpo. Y con ella, con su sangre, fluye el temor de lo incierto.

¿Por qué me encuentro aquí? ¿Por qué yo? De quién es esta casa?

De pronto, Canela Canela sorprende a Canela en un vagón de tren. Es uno muy viejo, de esos que se ven en películas de vaqueros renegados e impiadosos. Cecilia, una amiga del colegio, viaja en ese compartimento acompañada por otra chica, de la misma edad (o por lo menos eso piensa Canela Canela, al observarla de cerca). ¨Claramente no es de acá¨, piensa Canela para sus adentros. Canela Canela opina lo mismo: pondría las manos en el fuego apostando a aquello. Su tez blanquísima, sus ojos celestes claros, débiles. ¨Quedaría ciega ante el flash más ineficiente de una cámara de fotos vieja¨, siguió pensando Canela, en el mismo instante en que Cecilia se la presentaba (su nombre no es importante, ya que Canela Canela lo ha olvidado apenas despertó).

Acto seguido, Canela se despide de la tal Mirtha, o Hanna, o Mamushka Petrushka, o algún nombre alemanoide por el estilo, y de su amiga Cecilia, por supuesto.


Dos pasos. Maldición, otra vez la casa adobada. ¿Cómo salgo de acá?
Es de noche ya (¿Acaso todo transcurrió de noche?).

Canela encuentra una salida hacia el jardín. El aire del exterior la llena de esperanzas. El temor parece haberse ido (o eso cree) con las gotas de sudor de hacia un rato.

Cuánto pasto. Qué mullido es. Pero, ¿qué hago sintiéndolo?

Canela Canela no logra salir de su asombro. ¡No fue capaz de acordarse del nombre de la foránea de aquel insólito tren, pero sí prestó la no-debida atención a aquel pasto! (Anotación mental: debió ser Grama Bahiana).

Canela camina. Percibe cierta ligereza en su andar... y ahora ya no siente sus piernas (¿vuela?); todo cuanto le preocupa es salir de allí. Se espanta: no hay salida. O sí; hay, pero el pasto le atrae tanto que siente que no puede despegarse de él. Un súbito escalofrío la recorre. Esto es demasiado feo para ser real Canela. ¡Despertate!, grita Canela Canela.

jueves, julio 15, 2010

Qué te ´ibadecir´?

A veces me molesta olvidarme de lo que iba a escribir. Esto es genial! Ahi vamos:
Canela se siente lejana. Lejana en todo sentido. Ella no lo sabe pero en realidad, todo se ha originado a raíz de...
Detesto esto.


martes, julio 13, 2010

trendsettear la human destruction

A ver si hay algo bueno en la tele...
Un hombre murió ayer.
Tengo hambre, abro la heladera. No hay nada interesante.
Dormía en el hall de entrada de un edificio en Buenos Aires.

Esta estufa calienta? No parece che!
No aguantó el frío de anoche.

A ver esta revista que trajeron el otro día...
La hija de Madonna, de trece años, fue calificada como la trendsetter más joven del planeta, o de Estados Unidos, qué más da.
Hojeo un poco más. La cierro.

Algo anda mal en este mundo. Mafalda ya lo advirtió. ¿Acaso esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?

domingo, julio 11, 2010

Daños colaterales (Andén 4)

Mariana tomó de un trago, hasta el final, un vaso de leche caliente, con la esperanza de que esto le ayudase a conciliar el sueño. Resonaba, aún, lo dicho por Amelie: Durante bastantes días miraba por la ventana antes de acostarse, desde su estudio, hacia la esquina, abajo; pero Custardoy no volvió a aparecer por allí. –Pobre Sara, que en paz descanses, amiga mía – pensó Mariana.
–Querida, hacé el intento; no es bueno para tu salud comer tan poco… Vamos, hacelo por mí.
– ¿Y usted quién es? – preguntó Sara.
–Tu tío...
–Ah... Es que estoy tan triste. ¡No sabe con qué ansias espero el arribo de mi amado Custardoy! Tengo el estómago cerrado y siento una presión tan fuerte en el pecho, tío… No sabía que era mi tío. No recuerdo su nombre... ¿José?
–Sí, mi niña, soy José – respondió con una sonrisa paternal el anciano. Y al terminar de decir ésto, Sara volvió a llorar.
–Ya, ya querida. ¿Quién es este Custardoy?
–Mi novio. Él… Un llamado los interrumpió. Cuando sonó el teléfono, el hombre canoso le preguntó a la chica, con cierta deferencia, si por alguna razón prefería que no contestara. Sara no emitió palabra. Se levantó y fue a la cocina por un vaso de agua. Entonces, el hombre atendió:
–No, todavía no. Necesitaré un poco más de tiempo… ¿Que quiere saber cuán grave está? Mire, no le pediría un plazo mayor de no tratarse de algo serio. Correcto, hasta luego.
– ¿Era Misael? ¿Viene antes?– exclamó Sara, volviendo de la cocina con una leve expresión de felicidad en su rostro.
–No mi linda, era un amigo de la familia.
–Oh… De todos modos, es mañana el gran día.
– ¿El gran día? ¿A qué te referís, Sara querida?– preguntó el viejo, intrigado.
–Mañana viene Custardoy, mañana llega mi amado Misael, tío. Y lo esperaré, como debe hacer una buena novia. Sara se levantó del sofá donde estaba sentada.¨Domingo 18 de Junio del ´82, Andén 4, tren de las 10 de la mañana¨ repetía en una cancioncita, que parecía haberla ideado para no olvidar aquellos datos.


Doctor…– la voz de Amelie sonaba preocupada – ¿Cómo está ella?
–Mire querida… su hermana no está para nada bien. Mañana por la mañana piensa ir a buscarlo y yo…sabiendo que usted le había comunicado la noticia, y observando su conducta irracional, le seguí el juego. Esperaba alguna reacción, alguna muestra de cordura. Tampoco recuerda el rostro de su tío, aunque sí su nombre. ¡Por suerte a usted la reconoce! La mente humana es tan compleja… Verá, cuando usted llamó, preguntó si era Misael quien estaba al teléfono.
–Ya veo… ¡pobrecita!
–Lo mejor que puede hacer ahora es ir con ella, y tratar de que coma un poco. Y usted también descanse. Mañana será otro largo día. Hasta luego querida – concluyó el doctor.
–Hasta luego doctor.


¡Sara, sobrina mía!– gritó ¨José¨.
– ¿Tío, qué hace usted aquí? ¿Qué está haciendo?
–Te llevo de vuelta a casa, querida. Estuvieron forcejeando un rato hasta que por fin lo convenció y se metieron en el bar de la estación. Consiguieron un lugar desde el cual, desde una perspectiva complicada, veían parte del andén número 4.
–Mozo, dos cortados y un tostado por favor- ordenó ¨José¨. El café había demorado veinte incómodos minutos, en los cuales ambos permanecieron callados. Sara, con la vista en el andén, y José, leyendo, sin demasiada atención, un diario de hacía una semana atrás.
–Estamos ganando. ¡Ja! Pero éstos sí que no tienen cara- refunfuñó para sus adentros. Ganando…- dijo melancólico, esta vez.
– Sarita, preciosa, ¿qué hacés? El temblor del tren era cada vez más perceptible.
– ¡Ahí viene tío! Saltó de la silla con una fuerza tal, que tiró el resto de café que quedaba en su pocillo.
– ¡Mi amor, mi vida, Misael! ¡Qué suerte, qué lindo verte! Vos tan lejos de casa y yo, y yo acá, esperándote… ¡Qué bueno que hayas vuelto! ¿Qué? No. Volvé, vení. ¿A dónde vas? El doctor alcanzó a ver el brillo ciego de los ojos de Sara, su sonrisa ancha y su rostro perdido, feliz.
–Llevame con vos– dijo riendo, hablando con el aire. Y luego, los ahogados bocinazos del tren, todo tan lento y el salto de Sara, tan

jueves, julio 08, 2010




Te pasó alguna vez?

Un Viaje.

¡Desde acá todo se ve tan calmo! Pensarme alejada de toda esta bataola de peligros, las corridas, el ir y venir diario, las luces… Semáforos, bocinazos, transeúntes, ¡Socorro! Gracias a Dios todo es un sueño ahora.
Nadie grita acá. Sólo somos la nave espacial y yo. Lo único que me conecta con la vida terrestre es el dispositivo que transmite las coordenadas y me indica hacia dónde debo ir. Pero es tan silencioso que, diría, resulta casi insignificante. No, no vale la pena siquiera pensarlo como un compañero de viaje.
No sé si será demasiado ermitaño de mi parte, pero me gusta así. Por algo elegí que me otorgaran esta misión individual.
Aquí el tiempo no pasa. Estoy como inmerso en una gran nada inmensa, y el reloj digital que llevo conmigo es quien me devuelve, cada tanto, conforme lo miro, la realidad: El tiempo no para. Más aún, corre, y muy rápidamente.
Sí, acá es mejor. Acá no tengo que rendirle cuentas a nadie. Por algo me enviaron. Mientras saque las muestras de la corteza lunar y las lleve de regreso a la Tierra, puedo hacer lo que se me de la gana.
Cada tanto me pica el bichito social y me intriga saber cómo andarán mis seres queridos. Pero acá me gusta. Acá mis movimientos son lentos, y ¡todo es tan surrealista!
El otro día (no recuerdo si fue hace un mes o la semana pasada) pasó volando, cerca de la nave, el resto de un satélite. ¨ Alguna vez (no muy lejana en el efímero tiempo humano) fue una grandeza de máquina, y ahora, mera sobra, flota en la nada misma ¨, pensé. Me estremecí. El olvido. No muy regularmente logramos no perder esa noción de que todo, en algún momento, quizás antes, tal vez después, pasará al terreno de ¨ Lo que alguna vez fue ¨.
¿Qué mágico mundo es este? Debo estar agradecido, pues la oportunidad de estar aquí no la tienen muchos. Voy a aprovecharla al máximo. Luego de haber recolectado las muestras pertinentes, requerimientos de la central de la NASA, daré una vuelta al mundo, veré la Cordillera de los Andes y la Muralla China, ambas al mismo tiempo. Descubriré vida en otro planeta y me encontraré con mis abuelos, que por ahí deben andar. Ah, me olvidaba: Plantaré un árbol.

miércoles, julio 07, 2010

Digamos

ayeR fue yesterday para buenos colonos, mas por fortuna, nuestro mañana no es tomorrow-