Entreabro el ojo izquierdo.
Todo calmo.
Se escucha el viento arrastrando las hojas del tilo del vecino. El aire tiene, si es que esto es posible, un color gris.
Lo presiento. No me hace falta verlo. Sé que está ahí.
Levitando por delante de la ahora inexistente rama del pino que alguna vez supo tocar mi ventana.
Levitando está un gato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario