Abrió la puerta.
Era un día más, de esos que llamamos
normal.
Abrió la puerta. Y esa puerta- que tenía que llevarla a la cocina, esa cocina a la cual miles de veces había llegado- dio a la
nada.
Nada que era
algo, que era la ausencia de todo lo que sabía que era. Y esa nada era tan nada, tan algo, y ese algo era tan sublimespantoso que la cegó.
A mi me cegó tu amor; vale igual?
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