Se acuesta tira la cabeza hacia un costado y sus cabellos negros, gruesos tienden un manto sobre sus ojos que al mismo instante en que eso sucede, se cierran y llevan a volar sus pupilas por los mares profundos de la oscuridad vacía, noche de hilos de seda sobre e iris, uno al lado de otro, fino telar que enturbia el panorama y lo embellece.
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