lunes, julio 11, 2016

las palabras



A minutos de ingresar en el 9 de Julio, en el marco de los festejos por el Bicentenario de la independencia, miles de personas que realizaban la Vigilia frente al Teatro Colón asistimos a un espectáculo deplorable de violencia simbólica. Finalizado el recorrido audiovisual histórico por los 200 años- plagado por cierto de inmensas ausencias, pero no vienen al caso(o sí pero no ahora)- comenzó a sonar el tema inmortalizado en la voz de Mercedes Sosa, "Todo cambia".

En ese momento sentí un estremecimiento, una angustia (no la de los patriotas al romper con la la excelentísima corona española, no). El tema, escrito por el cantautor chileno Julio Numhauser durante su exilio forzado por la dictadura pinochetista en los '70, era retomado, reutilizado el viernes, como cierre del evento convocado por el actual Gobierno nacional.

Y es que allí radica lo nefasto de la operación: lo que una vez fue un canto a la libertad de habitar el suelo de origen sin temor a la persecución política es rescatado, vaciado de contenido, y re-significado: "cambiemos", "todo cambia", "el cambio es posible juntos", "el cambio lo haces vos" y demás. Una canción icónica contestataria, alternativa, es fagocitada en un instante y transmutada. Pero ¡ojo! Se deja el cascarón: todo cambia.

Entonces: tengamos cuidado con las palabras y sus significados, estemos atentos a las formas que van tomando, preguntémonos más seguido, yendo al caso: ¿qué entendemos por cambiar? Tengamos siempre presente que aunque a veces no la veamos, la lucha por las significaciones, por la hegemonía de un significado por sobre otro, en fin por los marcos interpretativos de lo que nos rodea, se libra todo el tiempo, inclusive dándole Play a un reproductor para que suene una canción.

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