Una tormenta. Olas bravías. Y un cielo que escampa hacia donde se pierde mi vista.
Él, sentado sobre un hierro doblado, vestido de payaso, zapatillas gastadas, juega con dos pelotas. Las da vuelta con una sola mano mientras el semáforo cambia. Rojo/amarillo/verde y así...
No me vé verlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario